Love Is Not Enough

curated Marisa Caichiolo

 

                                                                                                                                     

 

Always being a spectacle seems to be the motto of life today. The best way to have desired "success" in life is to eat, travel, have sex; live life as though you were on display. And art is no exception. Museums, galleries and, above all, art fairs have become an entertainment space, where more than provoking or promoting a culture of reflection and criticism, they promote consumerism, exposure, and of course, spectacle. The more surprising a work, the better.

I remember reading a text by G. Didi-Huberman, if I remember correctly entitled "The Phantom Gesture", where he spoke about the importance of the expressiveness of hands, even more than faces, to show the emotions that they are expressing. That idea hung around in my head for some time and, in conjunction with my work for the exhibition "Love Is Not Enough", gained emotion and presence.

In this series of small format paintings, I turn to the intimacy of gesture and detail. They are works that refer to nostalgia, to some emotional place that is cemented in memory, or perhaps in the realm of the unconscious. The colors are somewhat opaque, dim let's say. This approach recalls routine moments in the eye and mind of the viewer, which lack the brilliance with which the mass media bombard us in high definition.

These are paintings without pretension; that aim to call attention to the details that we don't usually feel close to, but fall in love with. Details such as a bare back, hairstyle, the position of a hand or leg. These are works that do not aim to be a spectacle. They express a confidence to reconnect with our humanity and share it in a sensitive way, while knowing that love is not enough.

 

 

Vivir espectacularmente parece ser el lema de la vida actual. Comer, viajar, tener sexo, todo de manera espectacular es la consigna para tener el “éxito” deseado. Y el Arte no es la excepción. Los museos, las galerías y sobre todo, las ferias de arte se han convertido en un espacio de entretenimiento, donde más que provocar o promover una cultura de la reflexión y la crítica, se promueve el consumismo, la pose y por supuesto, la espectacularidad. Entre más sorprendente una obra, mejor.

Recuerdo haber leído un texto de G. Didi-Huberman, si mal no recuerdo titulado “El gesto fantasma”, en donde hablaba sobre la importancia de la expresividad de las manos, incluso más que la de los rostros, para mostrar las emociones que se expresan.

Esa idea estuvo rondando mi cabeza por algún tiempo y con el conjunto de obra de la exposición “Love is not Enough” es cuando cobran sentido y presencia. En esta serie de pinturas de pequeño formato recurro a la intimidad del gesto, del detalle. Son obras que nos remiten a la nostalgia, a algún sitio emocional que se cimenta en la memoria, en el recuerdo, o quizás en el ámbito del inconsciente.

El colorido es un tanto opaco, tenue digamos; la temática nos remite a momentos que cobran sentido en el ojo y mente del espectador por su cotidianidad nada más, que carecen de la brillantez con que los medios masivos nos bombardean en alta definición.

Son pinturas sin muchas pretensiones que apuntan a ser una llamada de atención a los pormenores con los que nos enamoramos, con los que no sentimos cercanos y en compañía. Detalles como la vista de una espalda desnuda, el decorado del cabello, la posición de manos y piernas. Son obras que no ambicionan ser espectaculares. Que expresan la confianza en retomar nuestra humanidad y compartirla de manera sensible aun sabiendo que el amor no es suficiente.